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Cuándo: Puente de octubre de 2017.

Dónde: Picos de Europa

Compañía: grata, meticulosa y preparada. R. Vázquez

Material obligatorio para la performance: malla y camiseta, manguitos, gorra, gafas de sol, buff, bastones, medias de compresión zapas y calcetines, reloj Polar y pulsera safesportid.

Carga a la espalda: Mochila Ultimate en tamaño medio y un cinto Hoko con: 1,5 l de agua, saco sábana, plumas, gore, camiseta, manguitos, ropa interior y malla de repuesto, 2 pares de calcetines, guantes, chaleco, móvil, cepillo de dientes, crema solar, colirio y lentillas, unos tapones de oídos, 3 sobres de jabón unidosis, cargador de móvil y móvil, mapas, kit de primeros auxilios, 1 sobre de recuperador, 6 barritas, 5 geles y una bolsa de avellanas.

La experiencia “gourmet”: 

Miércoles 11. Salimos de Madrid sobre las 16 horas para llegar a Posada de Valdeón a las 8:15 de la tarde. Allí nos acomodamos en el Hostal Abascal, cena en el mismo pueblo (no hay muchas opciones) y a dormir.

Jueves 12: Nos levantamos sobre las 6:30 para estar desayunando a las 7. Salimos a las 7:40 por la carretera que va desde Posada a Caldevilla (unos 2 km) y entramos en el pueblo para coger el anillo, que comienza subiendo por bosque hasta el Puerto de Dobres. Desde allí se va descendiendo hasta el refugio de Vegabaño, donde se puede cargar agua en la fuente (se tarda unas 2 horas en llegar). Se desciende suavemente por zona de prados hasta volver al bosque y comenzar a subir hasta el puerto de Frade. A la espalda dejamos las montañas de Ponga (Ten, Pileñes) y durante la ascensión vemos un roble centenario. Desde el Collado del Burro comienza otro paisaje diferente, mucho más descarnado. Llegamos a Vega Huerta y cargamos agua. Comenzamos a avanzar por una zona más técnica de piedra caliza, que nos hará evolucionar bastante lento por un paisaje sin vegetación. Pasamos por el refugio de Vegarredonda donde también tenemos agua y continuamos hacia Vega de Ario, un zona algo más sencilla. Parada a descansar sobre las 19 horas, cena a las 20 y a intentar descansar.

Viernes 13: Salimos sobre las 9:20 en dirección Vega Mayor y después a la Canal de Culiembro, una bajada muy pendiente pero no demasiado complicada, donde descenderemos hasta la ruta del Cares para pasar el macizo occidental al central. Cargamos agua en la fuente de bajada de Culiembro, pero hay otra antes de llegar al río. Una vez en el sendero del Cares, atravesamos para pasar al otro lado por un puente. Comenzamos a subir desde 330 m. de altura hasta 1.500  m. por Piedra Bellida, una canal de infarto, además de por su inclinación, porque es de piedra suelta en gran parte y te hace avanzar despacio. Una vez arriba nos desviamos a la izquierda para seguir subiendo. En este punto es mejor pasar por Amuesa a cargar agua (unas construcciones en un prado que se ven abajo a la derecha), pero nosotros seguimos subiendo a la izquierda por el Collau Cerreu. Todavía desde aquí quedan unas 2 horas al Refugio de Cabrones, por una zona bastante más técnica que las que hemos hecho hasta el momento, tiene algún tramo que se escala y alguna zona complicada. Ya estamos a unos 2.000 metros de altura y el paisaje es puro Picos. Son las 5 de la tarde y decidimos no continuar hasta el Ref. de Urriellu y hacer noche en Cabrones, lo cual es todo un acierto porque el refugio es acogedor, aquí sí tenemos una fuente con agua y nos podemos asear y descansar un poco más que el día previo. La sed y el hambre nos ha pasado factura. Merece la pena salir por la noche a ver las estrellas dentro del circo, es sobrecogedor.

Sábado 14. Salimos sobre las 8 del refugio para ir directos a Urriellu. Pasamos el Hou del Agua y subimos por la Harcada de la Arenera a 2.300 m. Las vistas del amanecer alcanzan el mar y el color de los circos y las montañas es anaranjado blanquecino. La bajada desde la Harcada se destrepa pero sin estar expuesta, y en 2 horas se llega al refugio, éste mucho más grande que Cabrones. Cargamos agua en Urriellu y en seguida nos adentramos en el Hou Sin Terre, un circo inmenso. El recorrido hasta Verónica es un sube baja por un paisaje que es “puro Picos”, hasta que se llega a los Horcados Rojos, se comienza a subir amablemente, pero en seguida se convierte en una zona de trepada bastante larga y expuesta, con cable por todo el recorrido y chapas en la roca, hasta llegar a la cresta, dejando a la derecha el Pico Tesorero. En seguida se baja y se llega a Cabaña Verónica, inconfundible refugio por su forma (sólo caben 6 personas), en un lugar privilegiado. Aquí no hay agua, pero se puede beber una lata de algo. Hay bastante gente en esta zona que sube desde Fuente De en el Teleférico, pero nosotros salimos dirección este por un sendero marcado de rojo que discurre en un inmenso pedrero lleno de agujeros. Máxima atención a la marcas y a dónde se pone el pie, salimos por el primer collado y volvemos a saltar rocas atravesando varios circos. Aparece Collado Jermoso delante de nosotros al que llegamos ladeando el cirso de los Llagus. Jermoso es, porque después del paisaje lunar aparece encima de un prado que se derrama desde el Refugio en la parte más alta. Carga de agua, reposición de fuerzas y lo que preveíamos como una bajada sencilla al final de la aventura no lo es para nada: nos encontramos con destrepe al principio, y una bajada peligrosa en la que usamos manos y pies a partes iguales. Una vez hecho el primer tramo el sendero gira a la derecha y en seguida vuelve a caer por la canal hacia un bosque ya más corrible y amable que va a dar a un sendero bastante aéreo (con cuerda de seguridad). Va a caer a una pista encima de Cordiñanes, y desde aquí hay 2 km de carretera hasta Posada. Llegamos sobre las 17:30 h. Ducha y recomposición alimentaria. Visita obligada después (previa reserva) al restaurante Begoña, que tiene un menú casero de una calidad sorprendente, y te trata como tu madre (repetimos primero y todo!).

En total son algo más de 80 km y 7.000 metros de ascenso, que se hacen duros. Los descensos son también complicados, todo es menos amable a lo que acostumbro a hacer en Tenerife o en la sierra de Madrid. La conclusión es que esto es alta montaña y no admite errores. La dimensión de Picos (sin haber visto más que una pequeña muestra), es brutal. Hemos tenido la suerte de un muy buen tiempo, pero las cosas aquí se pueden complicar por momentos. No se corre, se camina rápido la mayor parte del tiempo y con los 5 sentidos en Picos. No ha habido lugar a pensar en nada más y ahora lo que nos queda es pensar en volver.

 

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Desde el pueblo de Benasque aquello no se divisaba tan imponente. ¡Qué engañados nos tenía el perfil de la carrera sobre el papel!,  ¡cómo nos fue embaucando para terminar saltando todas sus piedras, escalando sus 3 collados y haciendo equilibrios para bajarlos después, mientras nos recompensaba con unas vistas que hacen que te broten las lágrimas y se te ablande el alma!. Amor-odio, sonrisas y lágrimas, vello de punta y un remolino que se llevó nuestros sentidos a un mundo mágico. Y allí se quedaron.

14 horas para hacer 58 km de alpinismo, montaña y carrera. Al principio estábamos dentro de la carrera. Poco a poco nos fuimos saliendo de ella para entrar en un mundo de ibones, collados, montañas y ríos. Vimos todas las caras del Aneto, algunas parecían enfadadas, como la del Collado de Salenques, otras más amables, como el de Vallibierna.

20150725_104108La Vuelta al Aneto es una carrera que me ha hecho enfrentarme a mis miedos y poner a prueba mis escasas habilidades equilibristas, no dejándome correr y teniéndome saltando de piedra en piedra durante 10 horas. Impotente veía pasar a corredores mucho más acostumbrados a estos terrenos, escalaba y me agarraba a las cuerdas guía, tanto para subir como para bajar. Resbalé y caí en alguna ocasión, me enfrenté al vértigo aquel al que poco a poco voy venciendo más y más batallas, y tuve la suerte de contar con un compañero de carrera de lujo, que pacientemente disfrutó de cada lugar del recorrido mientras de vez en cuando miraba divertido mi torpe danza.

Una vez más, puedo decir satisfecha que el reto está conseguido. A uno siempre le gusta hacer aquello que se le da bien, lo que se le da mejor que a otros, y esto se retroalimenta por sí mismo para acabar haciéndolo aún mejor. Pero cuando lo que tienes que hacer durante la mayor parte de la carrera se te da mal, bastante mal, y ves cómo a otros se les da mejor, es cuando tienes que sacar toda tu motivación y escasas habilidades, dar lo mejor de ti y no dejarte vencer para acabar sentado en una piedra lamentándote. Dejas de compararte con otros y te comparas con tu yo hace meses, o años, un yo que no se acercaba a dos metros de un precipicio, un yo que tenía vértigo, un yo que decía “esto no puedo, “esto me da miedo”…. no soy la más rápida, ni la más habilidosa cabra montesa, pero hoy puedo disfrutar de los paisajes infinitamente más de lo que lo hiciera en la edición la maratón del Aneto de 2013  . Espero poder repetirlo el año que viene, quién sabe si en esta ocasión, subiendo el último peldaño hasta la modalidad ultra.

Porque sí, porque yo lo elegí. Lo elegí al 100% sin influencia alguna, la curiosidad fue instantánea, la atracción inmediata y poco a poco me fui enamorando cada vez más.

Porque un día, allá por junio de 2012 y recién venida a vivir a Tenerife, vi un cartel de una carrera de “Trail” (“¿qué era eso?) en El Médano y me apunté de cabeza, le lloré a la organización por un dorsal y allí, sin conocer a nadie que practicara este deporte, nuevo para mí, corrí. Corrí con unas zapatillas de asfalto y un frontal para bucear que iba apagando para que no se calentara. Y completé 14 km, un récord para mí. Y después seguí corriendo, yendo a las carreras sola (Taganana, San Miguel…) y más tarde, acompañada.

2013 fue el año de las 3 maratones: Transgrancanaria, Aneto y Tamadaba. Y 2014 el de la primera ultra: Transvulcania, después vino el paraíso Gomero y una fallida Bluetrail. Y la niña bonita está siendo el año de los grandes retos y de un cambio en la forma de sentir esta pequeña burbuja montañera.

Porque hoy, hace aproximadamente un año, coincidiendo con la Gomera Paradise, tocaba fondo sólo para impulsarme en él. Hoy hace un año que decidí sacar todas mis fuerzas para disfrutar más de lo que me rodeaba y ser más feliz, sólo por mí misma. Reconvertí mi energía negativa en positiva y de dejé de intentar entender lo indescifrable. Hoy, hace un año salí del hospital tras 4 días con la firme decisión de dar lo mejor de mí.

Porque esta primera mitad del año ha sido especial: En febrero vino el Hierro y en marzo Transgrancanaria, 132 km como 132 soles y un superreto conseguido. Abril nos dejó una Extrem inacabada por un envenenamiento previo sin premeditación ni alevosía, y mayo el Ultra Trail de Aldeas do Courel, donde disfrutamos no sólo de una carrera fantástica, sino de una compañía aún mejor si cabe. Junio ha sido un mes de competiciones en la isla: la IV edición de la Cisnera, con sus 40 km voladores, los 8 km de la Orotava y una experiencia única de la mano de Montaña para Todos, y la vertical de Güimar, que me hizo echar el hígado.

Y porque así de sencilla y fácil es la vida, así va pasando o así la vamos disfrutando. En el ínterin, un montón de entrenos por Anaga, El Teide, Guajara, Granadilla o Adeje. Buenos amigos y grandes compañeros, muchos kilómetros compartidos o por compartir y muchas experiencias que escuchar atentamente y contar.

Salida con KykeNuestro sueño se hizo realidad mucho antes del viernes 6 de marzo a las 23.00 horas. De hecho se fue forjando poco a poco, desde que acordaramos, 5 meses atrás,  hacer La Carrera. Nuestra carrera.

Muchos kilómetros de entrenamiento nos hicieron conocer, casi mejor al otro que a nosotros mismos. Una exquisita preparación no dejó nada al ibre albedrío,  ropa, mochila, estrategia y un sinfín de pequeños detalles. Todo fue perfecto de principio a fin.

En carreraEl viernes nos dispusimos a coger aquella gua gua, repletita de locos, o al menos eso nos pareció,  como pensando inocentes que estábamos muy lejos de parecernos a todos ellos. En la espectacular salida desde Agaete estaban los mejores del mundo, un plantel de más de 60 estrellas y otros 650 corredores como nosotros, de carne y hueso. Sabíamos lo que nos esperaba, 130 km y 16.000 metros de desnivel acumulado. Teniamos que subir y bajar un equivalente a un Everest desde el nivel del mar, pero en forma de serrucho, pero íbamos sobradamente preparados. Salimos alegres pero pronto nos dimos cuenta que estabamos en un embudo a un ritmo mas lento que el nuestro, del que no conseguimos salir en casi 2 horas. Tras ello, pasamos una noche agrable en la que corrimos hasta Fontanales de forma cómoda,  pero mejorando los tiempos estimados. Conseguimos pasar antes de la salida a las 7.00 a.m. del sábado de la modalidad Advanced y tras unos kilómetros, ya de día y sin frontal, nos empezaron a adelantar las primeras balas. Un sonriente Esteban, Alberto Pelaez o Fran Godoy nos amenizan y les damos ánimos en aquella subida suave.

El ritmo sigue siendo el mismo para nosotros en esta segunda maraton. La subida al Roque es impresionante, transgrancanaria2015-271_20disfrutamos del momento y en seguida bajamos un poco para alcanzar el Garañon, en el km 82. Allí un gran campamento nos espera y también una bolsa con nuestra ropa y zapatillas para cambiarnos, además de un tupper de quinoa. Yo lo como a presión,  Kyke lo disfruta. Nos cambiamos y sin perder más tiempo reanudamos la marcha.

Ahora parece facil: tercera maraton, quedan 50 km. La intensa calima empieza a hacer estragos:la nariz me quema por dentro y la cara me arde, noto los pulmones llenos de pitidos.

Última subida fuerte y comenzamos a bajar cómodos hasta un empedrado y luego a una pista. Una larga pista de 15 km. Y poco a poco aparece una molestia en la corva. Soportable. Voy a gusto, pero se va haciendo algo más fuerte. Poco a poco nos cae la noche y la pista se convierte en un polvoriento barranco de lajas sueltas y precipicio a la derecha. Me caigo y parto un bastón,  gracias porque tras él estaba mi codo. Tras el pequeño cabreo que me agarro bajo sin pensarlo mucho arriesgando un poco. No quedan más 30 km.

Pero me duele la corva. Llevo casi desde el Garañon sin comer por el dolor. Casi no puedo correr. Alcanzamos el penúltimo avituallamiento y pienso en retirarme. Voy apajarada, fisica y mentalmente porque lo que queda va a ser muy duro. Va a ser caminando porque la rodilla ya no va a correr más.  Va a ser más largo de lo que pensaba, bastante más.  Me mareo y tengo ganas de sentarme en aquel suelo de aquella pista polvorienta, como todo lo que nos rodea: polvo y más polvo delante de mi frontal, en mi ropa… Kyke va tirando de mí.  Al menos hasta el último avituallamiento, que nunca llega. Bebo mucha agua, toda la que llevo a ver si pasa y me agarro a los bastones para seguir caminando. Llegamos a aquel avituallamiento donde me tumbo y les cuento que me duele la pierna. No tienen un triste reflex, me dan hielo. Tras unos 20 minutos seguimos, intento trotar pero es imposible. Aquí no me voy a retirar, aquí no que quedan 8 km. Me había quitado el Garmin para no ver correr el tiempo y ver pasar los metros lentamente, pero no paro de preguntar cuánto hemos recorrido. 120, 121, 123…. Entramos en un barranco a Maspalomas. Allí, al rato y en la noche cerrada aparece Juani, que siguiéndonos, vino a hacer los últimos 2,5 km con nosotros. No podía más.  El dolor era agudo, el cansancio insondable….El paisaje no ayudaba a estar más entretenido tampoco. Pero lo habíamos hecho. Aparecio el asfalto, la playa y la meta.

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LA META. No significaba 132 km (distancia real), significaba mucho más.  Significaba y significa la capacidad de seguir adelante a pesar de todo. Que la mente es más poderosa que el cuerpo. Que conseguí lo que me propuse aunque muchos pensasen que era una locura, y que seré capaz de hacerlo en otros muchos ámbitos de mi vida por muy negro, por muy distante o difícil que aparezca a ojos de los demás o a los míos propios.

Kyke no pudo contener las lágrimas de emoción, el escaso público nos aclamaba y Juani, que caminó a nuestro lado para darnos el último empujón hasta el final se echó a un lado y nos sostuvo los bastones. Caminamos, disfrutando del momento y al llegar arriba, al arco, nos abrazamos como si nos reencontráramos el uno con el otro tras un largo tiempo. Alzamos los brazos. Porque hicimos cada uno de esos kilómetros juntos pasase lo que pasase. Lo disfrutamos y también lo sufrimos a partes iguales.

Luego tras la meta todo es una nebulosa hasta irnos a dormir, y al día siguiente nos hacemos conscientes de toda la expectación que habíamos despertado, inquietud de mi familia y seguimiento de nuestros compañeros y amigos. Un aluvión de felicitaciones nos llegan, a pesar, de que, como carrera, ha sido una de las peores en tiempo. 3 horas perdimos en aquel barranco. 3 horas mi pierna y yo. Casi 27 horas. 13 general femenina, cuarta canaria.

Los días siguientes no quiero pensar en una segunda Transgrancanaria. Ahora mismo…repetiría seguro. Pero para eso aún queda un año completo colmado de carreras.

La piel que habito

La piel que habito

Toca la niña bonita, 2015 es el año. 2014 fue de menos a más, como las grandes películas. 2014 fue el año en el que aprendí a desaprender, a deshilvanar esquemas mentales, a dejar de vivir para supervivir. Fue el año de Transvulcania, la primera ultra, y de la Gomera, la segunda, que resultaría ser un punto de inflexión en todo lo deportivo y no tan deportivo, donde pude escapar de una habitación de hospital hasta las impresionantes vistas de la subida del Cedro, donde además escapé de una piel en la que no quería estar. Y donde tuve la suerte de encontrar una gran amistad en Iago.

Y como la suerte se busca y se encuentra, también encontré otro gran compañero en Kike. Entrenamos, entrenamos mucho para la Blue, pero también soñamos y tuvimos algún que otro miedo.

¿Y después? una merecida retirada en la Bluetrail. Pero pasaron las semanas y la gripe desapareció por completo. Hoy lo recuerdo como un bonito sueño del que desperté 35 kilómetros antes de tiempo. Post Bluetrail. Después vino la Ruta del Gofio, un pequeño chute de energía al terminar primera y/o segunda junto con la gran Raquel Rivero y poder compartir una carrera con todos o casi todos mis compañeros y amigos.

Y seguí, seguimos entrenando… bueno realmente nunca paramos, o al menos eso dices, desde que me conociste. Y

Correr por la montaña mola...pero poder hacerlo al lado de la mujer sin brazos moló mucho más!!... correr a su lado me hace sentir feliz... gracias a ella me gusta más este deporte y sin ella no hubiera hecho ni logrado momentos que jamás los conseguiría sólo.. da igual que corra por delante o por detrás mío porque yo sé que siempre va.  Está ahí incluso cuando corro sólo, ella siempre está conmigo... como en la Blue que gracias a ella me salió la carrera que jamás hubiera imaginado!!.. espero poder correr junto a ella siempre porque es ella la que hace que me sienta libre y pueda volar sin apenas cansarme.. Gracias por ser como eres... aunque no tengas brazos!! jajaja

Quien me envió esta foto me escribió: Correr por la montaña mola…pero poder hacerlo al lado de la mujer sin brazos moló mucho más!!… correr a su lado me hace sentir feliz… gracias a ella me gusta más este deporte y sin ella no hubiera hecho ni logrado momentos que jamás los conseguiría sólo.. da igual que corra por delante o por detrás mío porque yo sé que siempre va. Está ahí incluso cuando corro sólo, ella siempre está conmigo… como en la Blue que gracias a ella me salió la carrera que jamás hubiera imaginado!!.. espero poder correr junto a ella siempre porque es ella la que hace que me sienta libre y pueda volar sin apenas cansarme.. Gracias por ser como eres… aunque no tengas brazos!! jajaja

pasaron los días y los kilómetros.  Muchos de ellos sin hablar pero en compañía, porque lo más íntimo entre dos personas es el silencio cómodo;  otros riendo y otros explotando el corazón y los músculos o sufriendo los kilómetros. Me caí y me ayudaste a levantar, me sentí vacía de energía y diste la vuelta conmigo sin entrenar aquel día en Vilaflor.

Y me lo pediste: empezaba por Trans y terminaba por grancanaria…. 125 km. 16.000 de acumulado. Y dije que sí. Alea jacta est, y ya tenemos inscripción. La miro de lejos con miedo, y tú lo sabes. Pero se va acercando.

2015 viene cargadito: Tengo un papel donde pone: Febrero: Meridiano (42 km); Marzo: Transgrancanaria (125km); Abril: Extrem (43 km); Mayo: UTAC (85km); Junio: Gomera Paradise (58 km); Julio: 0-4-0 (56 km); septiembre: Transalpine (300 km con Iago como pareja de baile); octubre: Bluetrail (93 km); diciembre: k42 (42 km)…. Conté con los dedos: 844 km. Algo hay que quitar claro.. pero cualquiera mueve ficha ahora.

Es sólo un calendario, algo que habla de mañana…y es un mañana muy apetecible. No obstante sólo importa HOY (el poder del ahora). Y eso significa disfrutar entrenándolo. Significa no tener miedo. Significa avanzar kilómetro tras kilómetro sin pensar en el dolor o en los que quedan. Sólo hasta el avituallamiento. Fraccionado. Y también significa correr para mí misma, por mi pura satisfacción personal, física y mental. Y significa no huir, avanzar.

Hoy no necesito justificar un solo acto del día. No hago ni digo nada que no siento…quizá no haya que expresarse con palabras. Quizá me exprese simplemente corriendo, o cocinando, o con una mirada, o con un icono del wassap. Eso soy yo…y si ese es el yo que tú quieres que sea, entonces supongo que conectaremos nuestras vidas o seguiremos conectados.

Hace unas semanas un buen amigo me dijo que disfrutara del momento, y quizá yo lo cambiaría por disfrutar de mi momento. Pocas veces me he sentido tan feliz como en esta época de mi vida, feliz en una piel que siento más mía que nunca. No tiene ninguna etiqueta. Y así todo es mejor…

Y así estoy dispuesta a afrontar un 2015 lleno de grandes cosas, de retos que podré contar a mis nietos, de vistas y paisajes reservados sólo a unos pocos, de viajes, amigos, compañeros, kilómetros, de amor, cenas en el japonés, daiquiris de fresa y de recetas de cocina.

TTT: Teide Tinki winky

Después de Gomera Paradise aterrizo en un verano que me sumerge en una calma placentera, y éste pasa trotando alegre como Platero. No pienso demasiado en los últimos meses ni tampoco hablo de lo que siento, pero todo se recoloca dentro de mí de una forma natural.

Ya no corro para dejar atrás nada. No corro para caer rendida; no corro para dejar de pensar y automáticamente me quito un lastre. Aparece Iago, que supongo que de alguna forma hace que empiece a correr de verdad y me regala nuevas metas y carreras, confía más en mí de lo que nunca yo lo hice; y a través de él, José, que hace que esas horas de entrenamiento sean más estructuradas y productivas. Juanma y Kike hacen el resto, son fieles compañeros de entrenos largos y de locuras, y se convierten además en confidentes de aquellas ilusiones y miedos ante lo que se nos venía encima: Bluetrail de 93 km.

Julio, agosto y septiembre son meses de entrenos largos, cuidada alimentación, madrugones y mucha diversión en el Teide y en Anaga. Cada vez me siento mejor, y empezar a medir lo que antes hacía sin control me hace ver resultados.

Iago y Hele en Llanos

Cuando el sol empezaba a calentar ya estábamos preparados

Del infierno de la Gomera al paraíso del Pirineo

En septiembre nos damos el capricho de ir a correr en el Pirineo la Trail2Heaven, una carrera de 46 km que fueron casi 50, que discurre entre España y Francia con un encanto difícil de describir. Es un entreno…(qué risa!!) vamos a matarnos.

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Bajando a Llanos

Salimos de Llanos del Hospital dirección a la Renclusa en una subida ligera a ritmo suave. Nona (equipo Tuga) sale disparada desde el principio, ya no la vemos. Empezamos a bajar hacia la Besurta (Km 10), miro hacia atrás y veo a Clara, que va tercera. Baja como un diablo pero en la subida hacia el Portillon se coloca detrás. Ritmo superrápido pienso, pero bueno, a aguantarlo.En cuanto tocamos cima a 2.440 metros estamos en Francia, empezamos a bajar al Hospice en un zigzag. Clara pasa (ostia como baja!!) y también otra corredora de negro y camiseta Compressport… Le sigo el ritmo a la última, a Clara la pierdo. Durante 7 kilómetros el ritmo es de carrera de distancia corta, esto será inaguantable durante 30 km más.

Llegamos las 4 corredoras (alcanzamos a Nona) casi a la vez al Hospice… ¡No se paran en el avituallamiento!! Yo le echo cabeza y paro a comer y a cargar agua tranquilamente, durante unos 2-3 minutos. Las pierdo de vista a todas. Comienzo el falso llaneo y en 2 km he cogido a la cuarta y a Clara. En la subida al puerto de la Glera de vuelta a España también alcanzo a Nona, que va jodida del estómago. Charlo con todas, reímos e incluso repartimos agua, qué grande es el trail!. Después de una subida casi vertical por sendero y después por piedra suelta y algún tramo de nieve aparece el Ibón de Gorgutes y se me pone el estómago en la garganta al verlo: es impresionante, corta la respiración. Km 29 y es el último pico, voy primera pero vienen bastante pegadas. Temo a Clara, lo que queda es todo bajada y llaneo, pero las 3 corredoras han bajado bastante el ritmo. Bordeamos el Ibón y bajamos de nuevo en zigzag dirección a llanos. Casi llegando al avituallamiento me adelanta Clara como una moto. Seguimos hacia el Balneario de Benasque, aprieto lo que puedo, quedan unos 13 km.

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La metaaaaaaaa!

En el último avituallamiento nos queda un llaneo de unos 10 interminables km, no paro y al subir uno de los repechos veo a Nona a medio km… mierda…. a correr!!! Voy muerta, hace un calor de narices y yo con una camel digna de un ascenso al Everest (mallas, chubasquero, térmica…). Aún así le doy, Nona no me agarrará y además, qué coño, voy a por Clara!!! Corro hasta el final todo el llaneo, repechos incluidos y ligeras bajadas por una pista que parecía alargarse por momentos. Ya! ya se ve Benasque! Toco el asfalto de la carretera y recuerdo con cariño aquel Trail del Aneto en el que tardé 9 horas en hacer 42 km con un sufrimiento y un dolor de piernas mortal. Subo la cabeza, zancada larga, sonrisa modo on y a disfrutar de la llegada. Busco a los lados a Iago que de repente aparece corriendo hasta la valla. Grito de alegría! Entro en meta, cámaras, fotos, espera Clara, nos abrazamos. Una pequeña entrevista en la que no recuerdo una sola palabra. Pregunto a Iago: Tercero!!!! Tras descansar un poco en el suelo y cambiar las primeras impresiones baja la adrenalina, buf! estoy peor que después de Transvulcania.

Nos merecimos una estupenda cena vegetariana en el pueblo y en seguida a dormir. Por la mañana se me hace tan agradable ver a Mario con su huerto, su cinta de equilibro, su casa en Cerler y su feliz vida, con la magia que siempre le ha rodeado y las buenas vibraciones que transmite. Iago lo comprende en el primer minuto y creo que se siente igual de a gusto que yo (creo que se hubiera quedado una temporada incluso).

Vuelta a los infiernos en el cielo de Tenerife

Vilaflor-Candelaria

Vilaflor-Candelaria

Ahora veo tan de cerca la Bluetrail…Último empujón. Kike y yo entrenamos a conciencia las siguientes 4 semanas y compartimos miedos, ilusión, consejos, piques…. incluso dos gua guas, una de bajada desde el Teide y otra de subida. Iago me da una alegría: no corre pero me seguirá toda la carrera. Es probable que no sepa la magnitud que eso significa pero es mi tercera ultra y siquiera alguien me espero para verme llegar en una de esas metas.

Quedan 2 semanas y empiezo a encontrarme acatarrada, con una tos que no sé de dónde sale pero que no me gusta. Bueno no pasa nada, hay tiempo de recuperarme… la semana de la carrera todo se agrava, no tengo voz y no duermo por las noches, me levanto empapada…El martes decido ir al médico (quedan 72 horas para correr). Placas en la garganta, fiebre, tos…. No hay más remedio que pinchar antibióticos. Aún así me siento dispuesta para correr, el jueves me encuentro mucho más recuperada, aunque con esa tos horrorosa. Al menos duermo. Pero estoy tan motivada, tengo tantas ganas de hacer esa carrera que mi cabeza dice que puede.

Salida

Salida Bluetrail

Noche del viernes: llega Iago e Isidro a casa, tengo todo preparado y me siento eufórica. Make up (sí, antes muerta que sin unos polvitos, tiritititi), ropa de competición y sobra tiempo para un Chiringuito Pirata. Estos cabrones se echan una cerveza que yo miro con deseo.

Vamos para la salida. La verdad que tengo ganas de llorar de emoción cuando oigo el temazo del último mohicano pero me aguanto, no quiero parece una nenaza tan pronto. En la salida hay muchas caras conocidas, todo pasa rápido, fotos, control y salimos… Wow, me siento superbien, descansada, las piernas ligeras y el corazón y la respiración va suave, muy cómoda. Paso algunas caras conocidas y llego a la Camella. Nada, no me he enterado, seguimos para arriba, voy con Juani y Marce que esta vez van juntos, disfrutando. Arona, agua y comida, todo está saliendo bien. Vamos para Vilaflor, pongo los cascos y casi me dan ganas de mover la cadera, voy genial, cómoda. En el avituallamiento encuentro de nuevo a Iago que me da una sopa, creo que era de fuego…

Rambleta

Walking dead en la Rambleta

La subida desde Vilaflor la disfruto aún más, en noche cerrada y entre Elvis Crespo, Violadores del Verso y un popurrí de bachatas y reaggeton llego al Parador. Allí como algo de quinoa (tengo más hambre que el que se perdió en la isla), me cambio y después de un rato largo salgo para arriba. En seguida veo a Juani que va tercera y salió un poco antes que yo… pero algo no va bien. Sin preaviso echo la quinoa para afuera. Bueno, ahora comeré algo cuando se me pase. Bajo el ritmo. Comienzo a caminar cada vez más despacio y creo que alguien me vuela los sesos con una pistola… ah no!, sigue ahí la cabeza. Intento comer una barrita a la fuerza.. no entra, sale. Ya es de día, casi no puedo caminar. Me pasan un porrón de corredores pero ahora mismo lo recuerdo como una nebulosa. Mi corazón no puede. Mis piernas no van. Me tengo que parar, me siento incluso. Lloro de impotencia, ¿qué pasa? lo habíamos entrenado, por qué no va esto? Después de unas dos horas abandono. Llamo a Iago para decírselo, mala cobertura, quizá no hice más que preocuparle. Baja la Cruz Roja, pero ya estoy en estado de “todo me la sopla” (con perdón) y voy riéndome y gastanto bromas. Me dejan,  les digo que llegaré sola arriba. Encuentro a Iván que tira de mí hasta la Rambleta y entro Walking Dead al avituallamiento.

Allí me siento y digo que abandono. A un militar le suena el teléfono y creo que pregunta por mí. Me lo pasa. Es Iago, le digo que sigo y me dice que era lo que quería oir y todo el mundo aplaude, qué subidón!! Intento comer algo pero la verdad que es complicado, estoy vacía. Comienzo a bajar bastante bien, paso el Refugio a ritmo de otros corredores pero de repente me siento mareada de nuevo y las piernas duelen… Me desanimo, la cruz roja me quiere pinchar algo (creo que glucosa) y les digo que nanai… Comienzo a caminar, ya estoy sufriendo tanto que no tiene sentido, decido retirarme…. se acabó para mí después de 15 horas, llevo 6 de ellas sin disfrutar, autocastigandome… es momento de abandonar. Ya habrá más, por mi cabeza pasan millones de cosas, pero la principal es que lo que quiero es disfrutar. y hoy no lo estoy haciendo. Puedo seguir pero lo pagaré en las semanas siguientes.

Y efectivamente, el día después no me arrepiento de mi decisión, ni el siguiente: hice lo que tenía que hacer. La gripe me paró, aunque no lo quisiera ver. Uno no puede controlarlo todo, hay que aprender a afrontar las cosas como vienen. Y esa misma semana seguí trotando alegre de nuevo y recuperándome de esos 65 km y esa subida del mar al cielo…

Bajando del Portillo. Último entreno antes de la Blue

Bajando del Portillo. Último entreno antes de la Blue.

Hay tantas cosas buenas en esa carrera, pero no están sólo en ese día. Están en los entrenos, en la ilusión de hacerla, los preparativos, los compañeros…. Kike fue finisher con 15 h 40 m, nada que ver con lo que habíamos previsto, Juanma terminó la de 60 km a pesar de su rodilla maltratada y operada.

Hector y Gara me vieron salir, aunque no llegar, nunca fallan a un evento importante para mí… Iago estuvo siempre ahí desde mucho antes de la salida, me dio los consejos y experiencia que absorbí sin cuestionar y me ayudó en cada avituallamiento y cuando me retiré. Compartí la carrera con mis compañeros, Juani, Santi, kike, Juanma,…

No tengo ninguna espina clavada, no sé siquiera si repetiré el año que viene. Sólo sé que estos meses me he dejado llevar y atrapar en algo que tiene un poco que ver con correr pero sobre todo con vivir. Cuando corres libre de presiones que son sobre todo supongo autoimpuestas, cuando tu corazón empieza a mandar y tus sentidos se abren todo simplemente fluye; es supongo cuando vuelves de nuevo a la esencia de todo esto que no es más que vivir, vivir la vida de la forma que has elegido, con ilusión, dando lo mejor cada día, toda la energía de la que dispones, con metas y sueños que se hacen realidad poco a poco, día a día, anhelos que compartes con otros locos por la misma vida.

No tiene sentido dar las gracias aquí a nadie. Las cosas se agradecen día a día, con acciones que salen del corazón y que no es necesario publicar. Supongo que eso será la versión 2.0.

LA HACHE SONORA 2.0. Intro

Llevo algún tiempo barajando la posibilidad de echar el cierre a este blog. Creo que porque sencillamente no me siento identificada con él o, mejor dicho, con algunos de los post de contiene. Lo que no puedo negar es que es mío, siempre lo ha sido aunque en ocasiones estuviera condicionado o quisiera simplemente agradar o desagradar a otros.

Así que esta versión nueva de lo mismo pretende lo que todas las versiones 2.0.: mejorar y solucionar fallos. Se trata de una actualización de software sencilla en su front, complicada en sus entrañas. Creo que he aprendido de mis errores y he aprendido también a perdonármelos sin arrepentirme de nada. 2.0 significa serme fiel. Significa que han cambiado mis prioridades en la vida y las he acomodado a lo que me hace feliz y no a lo que se espera que sea. Así que, aunque aún no sepa muy bien cómo sera, qué aspecto tendrá o sobre lo que versará, lo que sí sé es que me despido de la primera versión para volver a escribir de nuevo sobre lo que me apasiona. Para eso es mi pequeño espacio, todo el que me conoce ya sabe por dónde irán los tiros, dónde está mi cabeza y mi corazón…..

Gracias a mi amigo David por la foto

Gracias a mi amigo David por la foto

 

 

 

Un infierno que comenzaba mucho antes del pistoletazo de salida de la carrera y un cielo que no esperaba ni rozar con los dedos, Subida de los Tilesun segundo puesto de la general, con un tiempo también impensable, 9 horas 17 minutos.

Un infierno similar al de hace 6 meses, cuando un 4 de enero aparecí en urgencias con los mismos síntomas (algo más leves), después de hacer exactamente lo mismo (correr por el monte), un domingo por la tarde. El mismo disgusto sentimental rondaba en mi cabeza, con la misma persona y la misma tristeza me ahogaba. La montaña siempre me ha alejado de todo y me ha dado perspectiva, por eso de nuevo me volvía a refugiar casi en los mismos senderos. Y casi en el mismo sitio sentí el mismo dolor, esta vez mucho más fuerte porque la cicatriz sobre la que caía el golpe estaba fresca. Dolor físico y emocional  a la par, en una oleada que esta vez era bastante más violenta.

Gracias a mi compañero de carrera llegué a urgencias después de “pasarlas putas” para llegar al asfalto y montarme en el coche. El parón es en seco, me encontré en el hospital y me empecé a ahogar y a torturar, a hacerme un montón de preguntas para las que no encontraba respuesta. Además, estar lejos de “casa”, o al menos de mi familia y de algunos de mis amigos me lo hace un poco más cuesta arriba, aunque mis amigos de aquí en seguida están a mi lado. Aun así, me cuesta 24 horas reaccionar y tirar de todas aquellas personas que están en mi vida.

Pero no hay nada mejor que la realidad te golpee de una forma brutal para tomar decisiones estratégicas en la vida, aquellas que de repente cambian algo esencial dentro de ti y hacen que también cambie todo lo que te rodea.

Sólo te puede hacer daño aquel al que tú mismo le das ese poder. Y le di mucho poder para ello. Quitárselo es un trabajo diario, pero tengo una gran determinación. Y una gran cabezonería. Es un buen momento para empezar de nuevo, para rescatar a Helena y olvidarme para siempre de Lele, es un buen momento para volver a sonreír. Ahora intento dejarme de castigar para que desaparezcan del todo los dolores físicos, la sensación de haber perdido la capacidad de llenar mi pecho de aire y las molestias en los riñones. Supongo que de todo se aprende, y esta lección la he aprobado con sangre, pero con sobresaliente.

Los trofeosTras toda la semana de parón y una acusada pérdida de peso comienzo a ponerme las zapatillas y correr, con miedo. Decido que voy a correr, porque es la mejor terapia, quedan 7 días para la ultra, para afrontar una carrera igual o más dura que Transvulcania. Esa semana pasa rapidísimo, en seguida estamos en el barco hacia la Gomera.

Siempre es un placer volver allí, además en este momento con una ilusión extra que hace que me sienta más viva. El infierno amenaza: hasta minutos antes de tocar la salida a las 6 am del sábado vivo una situación dantesca, pero hoy un escudo me protege.  Transformo la energía negativa en fuerza para afrontar los primeros 10 km, luego hasta el km 40 todo es fabuloso, me siento muy bien, el tiempo respeta. Disfruto de la soledad y de la compañía de otros corredores, me maravillo en el Cedro, con su cascada, su agua y la frondosidad de su bosque. Volvemos para afrontar los últimos 18 kilómetros, donde ya el cuerpo empieza a resentirse, pero no hay pájara hasta la última subida. Y en la última bajada me dejo llevar hasta las interminables escaleras y hasta el dulce sabor de la meta.

La segunda ultra comienza tras la recogida de trofeos, con Edu y Juani, y dura otras tantas horas y otras tantas cervezas, chupitos y mojito y bailes, hasta doblar las horas del reloj desde que nos despertamos… No sé qué cansó más pero las dos las disfruté como hacía mucho tiempo.

Y por estos días y sin darme cuenta se acabaron los días de lágrimas, se esfumaron por un montón de factores, de personas. Estoy más cerca de mis amigos, de mi familia. Tengo amigos nuevos, he recuperado amistades enfriadas, valoro más lo que tengo, dónde vivo… Casi ha terminado esta ultra que comenzó en el infierno, casi he llegado de nuevo al paraíso.

Aún no he podido escribir sobre mi experiencia en Transvulcania. En ella y en el mes que ha pasado desde que corrí se han entremezclado diferentes sabores en un torbellino de emociones que me ha dejado exhausta, sobre todo mentalmente. Meta Transvulcania

Si hay algo que puedo afirmar es que lo hice. Y lo hice lo mejor que pude, desde que me inscribí a principios de enero inicié una etapa en la que me centré en mí, en mi trabajo y en entrenar y en acortar la distancia entre ese reto y mi realidad. El dolor que sentía en el corazón me hizo, muchos de esos días buscar un dolor físico que camuflaba todo lo demás, y me dejaba suave como la seda, lista para dormir y comenzar de nuevo al día siguiente. 5 meses, 5 meses. Pero llegué a la salida. Me había imaginado tantos días entrando por esa alfombra roja de la que me separaban en ese momento 75 kilómetros que ya la visualizaba desde el Faro de Fuencaliente. Disfruté del camino, como he hecho siempre, me caí y me levanté, me limpié la sangre y la tierra de manos y rodillas y seguí. Pasé auténticos cadáveres, me sentí en el infierno y al rato en el cielo. Sonreí. Superé mis pájaras, físicas y mentales. Y entré por esa meta que había imaginado tan diferente, sin demasiado calor pero con la emoción de la primera vez, la primera ultra.

Y después, después de Transvulcania qué hay¿?. Silencio. Vacío. En seguida busco otra ilusión, que ya está aquí, casi hemos salido de cuentas: Gomera Paradise. Será un infierno, lo sé. Porque este último mes y medio ha sido una ruleta. Aún así estaré en la salida, menos preparada que para Transvulcania pero igual de motivada.

Esta semana he aprendido que si sigo mirando hacia atrás me convertiré en piedra. He de dejar marchar los sueños de entonces para tener nuevos sueños e ilusiones. Igual que una ultra: te emocionas, corres, se acaba y qué te queda? buscar otra? Llevo 6 meses anclada, petrificada. Ahora el reto no está en correr más o más rápido, ni siquiera en terminar, si no en avanzar y no mirar atrás, no mirar para no ver mis propias cenizas.

Estoy algo más que de pie… de hecho, tengo ganas de correr, de enfrentarme a esos casi 9.000 metros de desnivel acumulado y a tus 80 kilómetros de distancia. Me voy a papear cada uno de ellos, uno detrás de otro hasta los Llanos. No me ves, pero hay pintura de guerra en mi cara. Pronto nos miraremos directamente a los ojos. No te temo, te deseo. Te llevo esperando meses. Cada día, algo, alguien me hace recordarte y mi corazón se acelera.

Sé que eres un mal amante, que me harás sufrir y disfrutar a partes iguales, que te querré y te odiaré. Pero no veo el momento. Voy a por ti, Transvulcania